JENIFFER MOORE

Mirtha Cherato Aguiar


PRÓLOGO

Los primeros poemas de Jeniffer Moore fueron recitados en una estación radial de Córdoba, su provincia natal, en Argentina cuando apenas contaba con once años. Su innata sensibilidad se fue enriqueciendo desde ese tiempo con la lectura de los clásicos hispanos. Su verbo se ha nutrido de la naturaleza que se le desborda como un delicadísimo vuelo de almas en cada verso. Si bien no heredó la rima disciplinada de los maestros, fue herida para siempre por la hermosa "fatalidad" de una melodía sin tiempos que florece renovada en cada lectura.

Ella, irremisiblemente poeta de los corazones, cantora que ejerce cura con su dolor arcano, ha venido llegándonos en los últimos años por diferentes publicaciones electrónicas, a través de círculos de artistas.

En Escritos de Amor y otras soledades, más de noventa perlas engarzadas por su aliento heráldico nos son entregadas, comenzando con la declaración de la autora sobre sí misma y su obra en el primer poema, Mi canto, hasta el triunfal Himno al Amado, "que viene de guerrearle al silencio".

El poemario se divide en siete secciones bajo los títulos: Escritos de amor y otras soledades, Esencia de Rosas, Ironías Increíbles, Monólogos de antesala, Escala de grises, Erótica y Habas Pardas. Musicalidad, transparencia y un hondo sentido social caracterizan su poesía con reminiscencias del romanticismo neoclásico.

En su mano, la palabra común es metamorfosis. Y es en el hecho poético, que alucinada confiesa: "voy con alforjas de canto en el andar infinito". Porque su parto "es deleite esencial de los que sueñan". Sí, llega enarbolando lo sublime, "abrazo que roza como ala del viento", "Poderosa pertenencia" de la que el lector jamás podrá deshacerse.

Solamente les prevengo de que una vez que entren por este laberinto maravilloso, ya no dirán más como su autora: "que el ángel de los sueños venga pronto". Desde "Mi canto" hasta el "Himno al Amado" esta Musa per-sonificada establece su reino: el del Amor, el de su sangre numerosa que enriquece la nuestra para siempre.

Un abrazo y enhorabuena, Jeniffer.

Dr. Pastor José Aguiar Pérez
Florida, USA

Jeniffer Moore

Mirtha Cherato Aguiar (1958) Argentina, nacida en Justiniano Posse, Provincia de Córdoba. Trabajadora Social graduada en la Universidad de Buenos Aires. Autora de investigaciones sociales en el campo de la Salud, publicadas y expuestas en Argentina, Uruguay, Chile, Costa Rica, Cuba y República Dominicana. Escribe poesía desde la niñez aunque comenzó a publicar a principios del 2000, bajo el seudónimo Jeniffer Moore, en la versión digital del periódico argentino La Nación, y en diversos Foros y Revistas Literarias de la web (Palavreiros, Tertulia en Mizar, Poetika, Nave da Palabra, Círculo Cultural de Poetas Latinos, Yoescribo.com, Predicado.com, Ultraversal.com y Daepoetas.com, entre otras).

Recibió el primer premio en poesía en el Concurso literario Rincón de las Letras (2001) Bs.As. espacio digital coordinado por el poeta argentino Dr. Jorge Orosco. Prologó los libros Luna de Noviembre (2002), de la poe-ta argentina Fanny Garbini Tellez y Oriola, Cuestión de Tiempo (2004), del poeta español Juan José Sánchez Be-llido. Su obra es recopilada por el poeta español Barto-lomé Adrover Guerrero en su página Web:

http://usuarios.lycos.es/tomeu_tolo/Jenifer.html

Actualmente reside en Miami, USA.
Correo electrónico de Jeniffer Moore

ELLOS

Él le da vida
como un tropel de gotas
en alboroto por los techos
mojados de Noviembre.
Él le da vida
y le regala la altura
de su mirada infinita
serena de ternuras
en el cerco del abrazo.
Él le da vida
y una sonrisa musical
que le resbala en la piel
por las mañanas.
Y ella, azul y diáfana,
mar incalculable,
espuma y coral en su alegría
va prendida de amor
sobre su pecho.

Jeniffer Moore

IRÉ POR TI

Solté hoy la cuerda en el abismo
geografía perfecta hasta tus sienes
Descenderé me lanzaré a buscarte
adarga en mano y corona de laureles.

Iré por ti, alforja y mis raíces
sin luz, sin aire, sin temor, sin redes
rasgados los vestidos y mi pluma descalza.
(En las alturas, mi herencia que no muere...)

Y no volveré sin tu sonrisa. Nunca
podrá la soledad quebrar tu canto.
Vendré a ti y sostendré el combate
mi lágrima de sal por tu rescate.

El alma helada soplaré. Tu estirpe
siempre vivirá con los que viven.
Iré por ti, única perla de mi espada
a devolverte el reino de los libres.

Jeniffer Moore